(Diario de adolescencia) 24 de enero de 2017



Escribo la novela. Pienso en P porque lo que se cuenta en un capítulo de la novela solo le incumbe a él.
Discuto con I por WhatsApp. Dice que, de buena mañana, ya le estoy hundiendo. Apago el móvil. Escribo esto. Laia me recomendó que pensase en frío.
Leo el nuevo poemario de Joan, aún inédito: Animal impur. Cosa rara, la poesía. Nunca encuentro el estado anímico idóneo para leerla. Hay algunos versos que son buenísimos. El agotamiento y vacío es el de todos.
Dice que no quiere volver a saber de mí. Me tiemblan las piernas. Me ha bloqueado de todos lados. Esto parece un ultimátum. ¿Hay nada más que decir?
Me reconcilio con I. Es posible que nada esté perdido: es más, que hayamos salido ganando.
Nunca admiro a las personas de quienes todo el mundo tiene una buena imagen. Quien nunca se arriesga, no es digno de admiración; forma parte de esa ilusión malsana que es la idea de pureza.

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