(Diario de adolescencia) 24 de diciembre de 2016



Me despierto a las doce y voy a tomar un café con Maria, en una terraza. Las calles de Mataró cada vez me son más ajenas, aunque la Riera nunca dejará de ser la Riera.
Miro Jules et Jim, dirigida por François Truffaut. La gran cantidad de planos es abrumadora y deslumbrante. Spielberg debió aprender de él. Pero… ¿la vida puede entenderse a través de tantos planos? ¿No le corresponde, mejor, un solo plano fijo? Por otra parte, ¿cómo definir esta película? Quizá como la serie de peripecias por las que tienen que pasar un par de hombres con tal de no perder a la mujer que más aman. «Hemos jugado con los principios de la vida y hemos perdido», se dice.
Cena de Navidad con la familia de mi madre. Me quedo callado durante toda la noche. «Pareces enfadado», comenta mi abuela, como cuando empezaba mi adolescencia.
Me acuesto a las doce y cincuenta. Por segunda vez este año, he comido demasiados turrones; mañana me dolerá el estómago y la conciencia.
Curiosamente, solo he conseguido beber una copa de vino. Si como postres tan dulces como turrones o bombones, me siento demasiado borracho como para beber.

No hay comentarios:

Publicar un comentario