(Diario de adolescencia) 23 de junio de 2017



Pasé casi todo el día de ayer en la cama. Cada vez que me levantaba, sentía que perdía el equilibrio. Tampoco es que el miércoles por la noche hubiera bebido tanto. Fue un día completamente desperdiciado.
Hoy, por la mañana, voy al gimnasio y ayudo a mamá con la comida. ¿Dónde quedaron las horas que dedicaba antes a la escritura? No lo sé. No encuentro razones para dedicar mi tiempo a proyectos grandes, como una novela. Luego no me la publicarían porque «no encaja en nuestro sello editorial».
Por la tarde, voy a la playa con Maria. El agua está fría pero me da igual porque nunca vengo a esta orilla para bañarme. Solo tomo el sol. La raya que separa el blanco de las piernas de lo moreno de mi vientre se abre como una herida.

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