(Diario de adolescencia) 23 de abril de 2017



Día de Sant Jordi. Me despierto tarde y, a las cuatro, hago algo de provecho: salir de casa. En la parada del autobús, veo a ese señor misterioso que debe tener unos sesenta años y que siempre encuentro de camino a Barcelona. Debe estar jubilado. ¿Qué se le habrá perdido en la capital? Seguramente, no ha renunciado a tener una vida cultural intensa pese a vivir en Mataró. Debe ir a Barcelona para ver cine, obras de teatro... Cuando ya estamos subidos en el autobús, se pone a hablar con otro hombre y le dice algo sobre una conferencia; confirmo mi primera impresión. Recuerdo que, hace unos años, iba en el autobús con una amiga y lo teníamos detrás; hablábamos sobre cine; antes de bajar, se nos acercó para felicitarnos por la conversación que habíamos mantenido; fue raro y dulce. Hacía tiempo que no veía Barcelona tan agitada, tan alegre. Encuentro a Aleix Martos en un estado magnífico: adora este día. Paseamos por Eixample y descubro que el modernismo es una de sus debilidades; conoce los sitios más silenciosos y bonitos de esta zona.

No hay comentarios:

Publicar un comentario