(Diario de adolescencia) 22 de mayo de 2017



Hago una práctica de coche a las seis y tres cuartos de la mañana y la profesora, Encarna, me nota raro. «¿Te pasa nada?» «No, solo estoy cansado.» En verdad, es eso. Ayer, conseguí dormir, pero las mañanas se me hacen igualmente pesadas cuando no tengo un objetivo tangible a la vista. La vida es ondulante y, en muchas ocasiones, sus ondulaciones se producen por efecto de nuestro embobamiento.
Son las siete de la tarde. Quim no me envía un mensaje para concretar el sitio en que deberíamos encontrarnos. Decido no insistir. Le comento a Anna Vila que estoy rayado y me aconseja dulcemente. Mañana, habré olvidado un poco más este desagradable embrollo. No volveré a hablar con Quim si no es él quien inicia la conversación. Tendré que convencerme de que las personas que necesito para sentirme en paz ya se encuentran dentro de mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario