(Diario de adolescencia) 22 de junio de 2017



Ayer, a eso de las nueve y media de la tarde, llegué a Barcelona y fui a tomar un tinto de verano con Abril a Sureña. Horas antes, había comprado tabaco. Nos fumamos unos quince pitillos en el poco rato que pasamos juntos. Luego, a las diez y pico, llegó E, con quien debía salir por Razzmatazz. Tomamos unas botellas de cerveza. Luego, pedí dos copas de cerveza más para mí. Cuando cerraron el bar, corrimos a coger el metro a Plaça Universitat, en dirección a Marina. Llegamos y fuimos a la Ovella Negra a beber chupitos. Ya dentro de Razzmatazz, eufóricos, nos besamos y, de un momento a otro, lo perdí de vista. Le envié mensajes. No volví a verlo en toda la noche. Conocí a un grupo de chicas. Luego desaparecieron. Conocí a otro grupo: estas chicas eran más aburridas, así que huí a la primera de cambio. Empecé a charlar con una estudiante de Periodismo y, mientras, pasó por delante de mí un chico de mi uni. Le invité a sentarse. Empezó a hablar con la futura periodista y acabaron acercándose mucho, aunque, cuando él trató de besarla, ella se negó. En fin. Anna Álvarez, Pinusflash, estaba por allí y me invitó a unas caladas de lo que creía que era tabaco. Volví en metro con el chico de mi uni, pensando en qué estaría pasando en la vida de E. Tengo la sensación de que esto solo me ocurre a mí: me pongo a pensar en la vida de los demás con cierta obsesión, con cierta voluntad de llegar a saber cómo es el día a día en que los demás están inmersos.
Me he despertado a las dos de la tarde, pero no podía mantener el equilibrio. He vuelto a la cama. Más tarde, a eso de las seis, he ido al gimnasio y ahora no sé qué hacer, no sé qué hacer para arreglar toda esta mierda que es mi vida. No sé qué hacer porque ya no quiero ni triunfar pero sé que las satisfacciones que me daría un éxito profesional, literario, creativo, son las satisfacciones que necesito para entretenerme, para dejar de pensar momentáneamente que cada vez la muerte está más cerca y, de hecho, existe la posibilidad de que no esté viendo su proximidad y me dé de bruces con ella.

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