(Diario de adolescencia) 22 de junio de 2015



Si dirigiera una revista, pagaría más a los que colaborasen con críticas literarias que a los que lo hicieran con literatura en sí. Leer, frente a escribir, es una actividad inocente y de gente modesta. Me gustaría leer más de lo que escribo (sería la forma de salir de mi ignorancia), pero, al saber que quizás algún día viviré de la escritura y no de la lectura, le doy un papel más importante a lo primero. No puedo olvidar que las dos cosas se complementan entre ellas, claro.
Quien no ha leído antes de escribir, es como si se encontrara en el Paleolítico: la historia, lo que venía antes de él, es mínima, y, por lo tanto, sus conocimientos también lo son. En una entrevista, a propósito de los escritores que le decían que no leían mientras estaban escribiendo, Luis Antonio de Villena decía que los que leen cero tienen influencia cero. ¿Qué sería de mí sin los referentes que sigo? Escritores, directores de cine, músicos, pintores... Van de un campo a otro y son los que hacen que mis relatos y novelas, de vez en cuando, rocen las fronteras de las disciplinas y escriba literatura como escribiría cine, como escribiría un cuadro, como escribiría una canción...

Mañana es la víspera de San Juan, lo que significa que, por la noche, las calles se llenarán de gente y se lanzarán petardos y cohetes por todas partes. En Mataró, los vecinos del Carrer Sant Joan organizan una verbena entrañable con hoguera y cena popular. De pequeño, pasaba esta noche con mis padres y abuelos. Encendíamos pirotecnia en el patio de mi casa y, luego, acudíamos al Sant Joan, donde nos esperaban las llamas de un montón de trastos a los que se había prendido fuego.
En cuestión, este año iba a cenar con mis padres con total normalidad y luego saldría con siete amigas a beber en la playa, pero, hoy, a la hora de cenar, mi madre ha dejado caer que ella no me había dado permiso para comprar alcohol. En el almuerzo ya le había comentado que esta tarde saldría a comprar bebidas para entonces, pero ella había entendido que eran cosas como Coca-Cola, Red Bull, y por el estilo. ¿Cómo pudo pensarlo? Tampoco le he dado más vueltas de las que se merece. De hecho, para no llegar a la típica escena entre madre e hijo porque este salga de fiesta, respondí con «sí» y «no» todas las preguntas que me hacía. Ni me quejaba, ni subía el tono, ni actuaba fuera de lo que es habitual en mí.
Esta habría sido la segunda vez que salgo a beber con amigos. Qué más da, en realidad. Me interesa tan poco la noche y la música que va con ella que prescindiría de volver a salir en toda mi vida.
Al final la situación se ha arreglado. Me dejarán salir y llevar las bebidas puesto que son las demás personas las que me han pagado por ellas y, si ahora me las requisaran, me estarían metiendo en un apuro. De todos modos no tenía pensado beber más que tres chupitos de dos dedos en toda la noche. Lo que no se olvidarán de hacer es ponerme una hora de llegada, pero no me importa. En otras ocasiones, incluso me he adelantado a la hora que me habían dicho.
Estoy convencido de que soy un aburrido, pero la cuestión es que lo que a mí me interesa es observar a los demás mientras se vuelven salvajes y bailan. Mientras tanto, río con ellos y voy memorizando lo que dicen. Es un material útil para mis relatos, las actitudes de algunos personajes, etcétera.

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