(Diario de adolescencia) 22 de abril de 2017



Los días que no me levanto a las seis, me cuesta creer que no son días perdidos. Me despierto a las diez. Me pregunto a qué debe referirse la gente cuando habla de profundidad, de un texto profundo y cosas por el estilo. Creo que no nos conviene luchar contra la frivolidad, sino contra la falta de sinceridad. Acabo de leer el libro de Carter, donde se dicen cosas maravillosas sobre el valor de la sinceridad, de aquello que hay dentro de nosotros y que solo cabe buscar. Habiéndome levantado a las diez, el día pasa mucho más rápido de lo normal.
Leo a Josep Pla. No hago mucho más. Grabo un vídeo. Queda desenfocado. Me maldigo a mí mismo. Lo vuelvo a grabar cuando ya es de noche. ¿Por qué grabar vídeos siempre me ha despertado este no sé qué, esta excitación? Hay algo en el mundo audiovisual que me seduce de una forma más directa que la literatura. Y, sin embargo, con la literatura convivo, mientras que vivo alejado de los vídeos, de las fotos, de todo el resto.
Esta noche, salgo con Laura. Cuando pienso en su nombre, lo relaciono con Guille Milkyway. Durante la secundaria, fue a quien hice todas las confidencias de que me vi capaz. Conoce frases que, quizá, con el tiempo, pasarán a formar parte del refranero de nuestro siglo; la última vez que la vi, me soltó: «Si no aporta, aparta.» Otra perla: «Que todo fluya sin que nada influya.»

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