(Diario de adolescencia) 21 de mayo de 2017



Anoche, fui a ver la colección permanente del MEAM con Merche. Me quedé a dormir en su residencia. No pegué ojo: pensaba en Quim. Hoy, he ido con Merche a Girona y nos hemos encontrado la ciudad igual que siempre, aunque habían decorado algunas calles (muy discretamente, a decir verdad). He quedado con Quim mañana por la tarde, cuando salga de la uni. Le he comentado a Aleix lo que siento por ese chico; no le volveré a pedir consejo; opina que no debería buscar el amor con desespero. No estoy buscando el amor. La cosa está en que me topé con Quim y no pude hacer como si nada.
¿Necesito no dormir una noche para, a la siguiente, dormir profundamente de lo cansado que estoy? Me ha pasado entre ayer y hoy. No comprendo qué hay de mal en mí, en qué me he equivocado. Mis notas académicas no muestran esta angustia que me mantiene despierto. Tampoco la muestran mis sonrisas, ni mi voz. Hacía años que la preocupación por la muerte no se me hacía tan viva. Al mismo tiempo, la consciencia de que no viviré para siempre me da coraje.

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