(Diario de adolescencia) 20 de junio de 2017



Días de poco movimiento. Voy al gimnasio, leo poco, bailo y tomo el sol en la playa. Temo perder la seriedad que marca mi vida, pero, al mismo tiempo, me parece un valor prescindible. El problema es que no sé cómo quiero que sea mi vida y cada vez que la empiezo a construir de una manera determinada acabo desilusionándome porque no cumple mis expectativas. Hace unos meses, no me habría planteado el problema de cómo vivir en estos términos. Tengo razones para creer que me he forjado un cierto malestar a base de olvidar lo que me singulariza e intentar empaparme de los gustos de los demás.
Mañana operan a mamá. No está preocupada. A las once y diez, me acuesto con la ventana abierta y las axilas sudadas. Solo estoy pasando dos semanas de no hacer prácticamente nada: ¿por qué me cuesta tanto terminar con los remordimientos? ¿Por qué dudo constantemente de que esté aprovechando el tiempo, de que esté viviendo como es debido?

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