(Diario de adolescencia) 20 de agosto de 2015



Tengo la intuición de que, en tres o cuatro días, habré acabado de escribir Los paseos por la frontera. El primer capítulo ocupó las cien primeras páginas, y el segundo, del que llevo unas ochenta y cinco escritas, no debería ser más largo.
La cuestión de la extensión es seria. Se relaciona con la cuestión de la estructura. Me he decidido por dividir la novela en estos dos capítulos de extensión similar. En el primer, describo la situación. En el segundo, hay un movimiento dentro de esta situación. El movimiento, en este caso concreto, puede ser tanto positivo como negativo, tanto optimista como pesimista; todo dependerá del lector o el crítico que lea el libro. A la conclusión a la que he llegado hoy mismo es que esta estructura en dos capítulos es la que más se acerca a lo ideal. La vida, en definitiva, sigue un movimiento parecido: ascendiente (¡positivo!) o descendente (¡negativo!).
La dirección de este movimiento tendrá que ver con la división de clases. La vida de alguien que pertenezca a la nobleza o a la burguesía se identificará con ese movimiento ascendente en la mayoría de los casos. Incluso cuando esta vida tenga más de un hecho trágico, la tendencia general será a la felicidad, a la comodidad. O, para ser más concretos, el bienestar. Maria Antonieta, por ejemplo, tuvo un final que no desearíamos ni al peor de nuestros enemigos. Sin embargo, cuando uno visita Versalles y el pequeño Trianon, no tiene la impresión de que viviera nada mal.
En el caso opuesto, alguien que hubiera nacido en una familia de clase baja, se vería condenado a una mayor inestabilidad, fragilidad... Su entorno sería más propenso a la muerte y a la enfermedad. No hay pocas novelas que lo demuestren.
La clase media en la que yo estoy (basta de tabúes; lo digo claramente: soy hijo de comerciantes y, por varias razones, me consideraría de esa clase media a la que también pertenece la mayoría de compañeros de colegio que he tenido) se vive de forma contradictoria. Ese pretendido Estado del Bienestar que nos sirve, básicamente, a los que estamos en el medio, es quebradizo. Nos asegura unos derechos, obligaciones, beneficios... pero, al mismo tiempo, se corrompe con el mal tiempo; la crisis actual, por ejemplo, pone en duda los cimientos de este sistema. Así pues, lo que quiero reflejar en Los paseos por la frontera (ya veremos si más adelante me sirve esta estructura para otras novelas) es ese movimiento ascendente o descendente.
En mi caso, que es el de la clase media, desde y sobre el que escribo, puede variar según los orígenes de los personajes, sus decisiones... Es una de las razones por las que me atrevo a empezar una historia así, sin guion ni una trama antes pensada. Desde el seis de julio, cuando empecé a escribir, me he dejado llevar.

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