(Diario de adolescencia) 2 de junio de 2015



He expuesto un poema de Ángel González y he odiado hacerlo bajo una sola condición. Debéis hablar, como máximo, durante cuatro minutos, había mandado el profesor. ¿Hay alguna cosa que se haga en tan poco tiempo? ¿Acaso desatarse los cordones de las botas? Comprendo que el siglo en el que nos ha tocado vivir va a una velocidad que todos podemos soportar, ya que hemos nacido con ella, ¿pero es necesario correr hasta para resumir qué pretendía González al escribir Para que yo me llame Ángel González? No creo que sea un lunático de la poesía (de hecho, últimamente he leído poca), pero nadie me convencería de que en tan poco tiempo se puede explicar a cualquier autor.
Si hasta la educación toma el ritmo acelerado de la bolsa y las cursas de caballos, ¿dónde me voy a refugiar? Soy feliz cuando camino despacio. Tampoco veo que esté mal; hasta ahora, nunca he llegado tarde.

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