(Diario de adolescencia) 2 de julio de 2017



La noche de ayer no debería haber tenido lugar. No sé de qué me sorprendo. Llevo todo el día en la cama porque me siento mareado y cansado. Salí con Paula a Razzmatazz. Sí, otra vez a Razzmatazz. No, no he convertido ese lugar en mi segunda casa, simplemente me está ocurriendo lo mismo que me ocurre todos los veranos: entro en una serie de círculos viciosos que las circunstancias exteriores me invitan a perpetuar. Con esto último quiero decir que si, por ejemplo, entro en el círculo vicioso de salir de fiesta, hay algunas personas que, con sus decisiones, facilitan que no pueda salir de él. En cualquier caso, no negaré que la responsabilidad es mía y que si no salgo de ellos es porque, en último término, lo he querido así.
Paula vomitó como nunca antes había vomitado. Habíamos bebido unos diez chupitos entre Ovella Negra y otro bar que está al lado de la entrada de Razzmatazz. La veía eufórica. Antes, en el tren, la había notado agotada de todo. El cambio me había parecido sospechoso, pero no fue hasta que entramos en la discoteca que vi que alguna cosa iba mal. En la terraza, un par de chicos que dijeron que eran médicos la ayudaron a llegar al baño y recomendaron que lo sacara todo. Uno de ellos, de paso, me habló del éxtasis: me dijo que venía de Argentina a comprarlo aquí porque es mejor que el que tienen en su país y que era la mejor droga que nunca había probado.
Me encerré con Paula en un baño mientras vomitaba y, al cabo de una hora, un segurata empezó a golpear la puerta. Le pedí a gritos que nos dejase tranquilos, pero, finalmente, Paula quiso salir. El segurata nos condujo a la entrada y nos dijo que no estábamos expulsados, pero que deberíamos volver a entrar cuando Paula se encontrase mejor. Nos sentamos en el borde de la acera de delante y, al cabo de media hora, decidimos volver a Mataró. Nos echamos a andar, llegamos a una marquesina y llamamos a la madre de Paula, que llegó en una hora. Recuerdo todas las acciones como si hubiesen sido eternas, lentas, muy difíciles de hacer. No sé si estoy saliendo tanto porque he perdido la fe en mi compromiso literario, pero es una lástima que lo único que haya sabido escribir hoy sea esta página de diario.

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