(Diario de adolescencia) 2 de febrero de 2017



Las horas en casa son particularmente duras. Ahora, a las diez y cuarto de la noche, no puedo pensar más que en lo que debe estar haciendo en Barcelona.
¿De qué me sirve ser fuerte? Querría estar con él. Ayer, quería pedirme que volviéramos, pero le dije que todo había terminado. Cruzo de dedos para que no me olvide; no, por favor. Que haga lo que quiera, pero que no deje en un plano secundario lo que hemos vivido.

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