(Diario de adolescencia) 18 de enero de 2017



No entiendo nada. ¿La literatura es lo escrito o este romperse la cabeza por el estilo? No sé qué hacer. Estoy encendiendo el ordenador para revisar La fuerza de lo que no será. Ahora mismo, llevo treinta y ocho páginas escritas; treinta y ocho páginas de nada, quizá. Imprimiré este manuscrito delgado y lo releeré. Posiblemente me parezca espantoso.
Sé que las respuestas no vendrán de fuera de mí, pero, de todos modos, le envío un mensaje a María preguntándole qué le parecieron las primeras páginas de La fuerza de lo que no será.
Desde el catorce de noviembre (en realidad, empecé la novela el mismo día en que puse el punto final a Los dieciocho son un mito, es decir, el catorce de octubre) he vuelto a empezar dos veces La fuerza de lo que no será. Parece ser que, finalmente, lo que no será será la novela.
A mis espaldas, mi madre dice: «¿Has visto este jersey?» Me giro y me la encuentro con un jersey de color gris con motivos rojos. Le digo: «Es poco propio de ti.», y me contesta: «Sí que es muy yo. Es discreto, muy discreto.» Que algo sea discreto es lo que casi siempre la decide a comprárselo.
Por la tarde, voy a clase de latín. Detecto un tic del profesor: «¿Me estoy explicando?» Luego me lo encuentro en el baño, limpiándose una mancha. Es un baño realmente claustrofóbico. Voy a estudiar a la biblioteca de mi facultad y, a las siete, salgo para la Filmoteca. A las ocho, proyectan la última película de Eugène Green, Le fils de Joseph, y harán un coloquio con el director; he quedado por Internet con unos desconocidos de mi universidad para ir a la sesión. En verdad, nunca me ha molestado ir al cine solo.
Al volver de la Filmoteca, en el autobús, me encuentro con Jesús y hablamos sobre cine. Albert Serra le contó que tuvo la intención de grabar un documental en que se viese a Hong Sang-soo emborrachándose en un bar con uno de sus actores. Me asombra que me hable sobre la relación personal que tiene con el cineasta.
Sobre los desconocidos de la uni con los que he ido a la Filmoteca: Miguel y Rafa son encantadores. Miguel es mallorquín e iba a mi clase de ruso. A Rafa lo he visto por primera vez; es guapo y rehuía mis miradas constantemente.

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