(Diario de adolescencia) 18 de abril de 2017



¿Sobre qué escribir en un diario? Sobre las ideas que se me ocurren a lo largo del día. ¿Sobre todas las ideas? No. Sobre algunas ideas, sobre unas pocas ideas, pero no sobre todas las ideas. Hay ideas que, en un primer momento, nos parecen indudables y reveladoras; uno se las apunta en un bloc de notas y, a medida que pasa el tiempo, se va separando de ellas, hasta que llega el día en que las relee y no las comprende o las encuentra demasiado vacías como para hacerse públicas.
Sigo leyendo el libro de Carter. Los dos primeros pensadores sobre los que habla son Nishida (el del concepto experiencia pura) y Tanabe, que se opone al primero en una parte fundamental de su sistema filosófico. Al referirme a Nishida, dije que empezaba a dudar de que mi idea de pureza fuera cierta. Leyendo el comentario de Carter sobre la obra de Tanabe, me doy cuenta de que no tengo por qué dar una credibilidad total a Nishida. Hay razones para que me oponga a la idea de pureza. La pureza paraliza, es como un miedo; es la parca vestida de blanco. Solo es una apariencia. Los derechos de las mujeres se igualaron un poco más a los de los hombres cuando se las dejó de relacionar con la pureza, por ejemplo. Y la pureza, en la creación artística, no podría causar un peor estrago que la creencia de que se ha conseguido algo esencialísimo, desligado del ruido del mundo, de sangre azul. Deberíamos dejar la pureza en el mismo lugar en que dejamos los prejuicios de clase.
Hace un día gris. A momentos, me digo a mí mismo que es absurdo que escriba este diario y lo publique. Hay muchas cosas que no comento por miedo a reacciones indeseables: lo admito. ¿Qué más da? Un diario que se mantenga en privado es tan parcial como un diario que sea público. La sinceridad no se basa en decirlo todo, sino en la manera en que decimos lo que decidimos decir.

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