(Diario de adolescencia) 17 de noviembre de 2016



Empecé a trabajar en La fuerza de lo que no será el día catorce y, desde entonces, he avanzado a ritmo testudíneo y un poco vergonzoso. Desde que comencé segundo de bachillerato y dejé atrás la novela Los paseos por la frontera, la escritura se ha vuelto, en mi vida, un acto más inconstante y disperso. ¿Qué le puedo hacer? Cuando he intentado recuperar la profesionalidad con la que escribí esa novela y la anterior, Belleza tangerina, me he dado cuenta de que las circunstancias de mi vida me impedían definir un método; por ejemplo, no era posible que escribiera cada día de seis a ocho de la mañana porque los imprevistos de algunas mañanas me arrastraban a otros asuntos. Falta de constancia, falta de método… y falta de voluntad, puesto que, si hace unos años se me hacía fácil empezar a escribir porque la idea de crear una obra me motivaba, ahora sigue alentándome, pero me siento más cansado y escéptico ante lo que pueda salir de entre mis manos.
Cinco páginas ya escritas. Bueno, algo es algo. Puede que la creación, pese a ser una cosa intelectual, empiece por lo más físico: hoy, a las ocho de la mañana, he vaciado una pared de mi habitación que, con el paso de los meses, había llenado con papeles y recortes de periódicos; a partir de ahora, será donde reúna los apuntes sobre esta historia.
Nada de libretas, nada de blocs de notas, nada de cuartillas ni de hojas DIN A4. Mi habitación, en la casa de mis padres, es una reproducción de lo que se mueve por mi cabeza. Como tal, tiene referencias a muchos de mis pensamientos. He intentado sacar de ella todo eso que no me pertenecía de un modo íntimo y reflexionado. Además, esta habitación es donde generalmente escribo; en ella, debe haber un orden que se compare al orden de mis textos. Las ideas que, en algún momento, he fijado entre estas cuatro paredes (sea con pósits, muebles, libros en las estanterías…) deberían reflejarse en todo lo que escribo, puesto que forman parte de mí y no se entiende nada que yo haya creado sin su suma.

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