(Diario de adolescencia) 17 de julio de 2017



Empiezo la mañana escribiendo. Una página y media: insuficiente. Me costará encontrar las palabras adecuadas para este relato. A momentos, me desprendo de la historia que estoy contando y solo me fijo en el significado de las palabras de una frase en concreto. Hace un año, escribiendo la novela, tenía listas cinco páginas al día. En parte, me siento oxidado. En parte, lo que pasa es que no cuento con la seguridad de que vayan a publicarme si ahora sigo con la novela que empecé un mes atrás.
A las ocho y media, salgo en autobús hacia Barcelona. Hoy empiezo el último curso de verano de mi universidad, sobre Jung y el inconsciente. La semana que viene es la fiesta mayor de Mataró: estoy excitado a la vez que me fatiga repetir el mismo ceremonial año tras año; sin querer, sigo con la convicción de que mi vida cambiará radicalmente de un año a otro.
Por la noche, voy al concierto de Joan Miquel Oliver y Mishima en Teatre Grec. Cuando Alba y yo nos enteramos de que los dos tocarían en Barcelona juntos, nos miramos con complicidad a través de WhatsApp. ¿Cómo se miran con complicidad dos jóvenes a través de un servicio de mensajería? No lo sabría explicar.

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