(Diario de adolescencia) 16 de febrero de 2017



¿Qué se puede sistematizar en la vida? Las horas en que se come, en que se duerme… o ni eso. Siempre se debería estar pendiente de la novedad, del cambio que esté por llegar, aunque, por más informados que estemos de que el futuro va a transformar el presente, nos sentimos incapaces de gestionar los cambios antes de que lleguen.
Por la mañana, escribo un artículo sobre las Meditaciones metafísicas de Descartes. Llevo días con él. Quizá demasiados días. No avanzo, no hay manera de avanzar. La dispersión es máxima.
Por el mediodía, me voy corriendo a Barcelona y cojo un ferrocarril hasta el Hospital Sagrada Familia. Papá parece peor que ayer; sus labios se han puesto de un rosa algo morado y su mirada cada vez está más cansada. Mamá sigue animada.
Llego tarde a una clase con Lola B. Al entrar, giro la cabeza hacia ella y le digo hola; me responde mientras sigue dando la clase y me resulta una señal de cortesía tan bonita que ya no me queda duda de que es una profesora maravillosa.
Salgo de la universidad y quedo con Joan Trinidad entre Carrer Pelai y Plaça Universitat. Lo veo llegar de lejos y no lo reconozco; es la primera vez que nos encontramos. Vamos a tomar unas birras al Horiginal. Hablo demasiado. Me muestra el libro que le acaban de editar; leo, en la nota biográfica de la primera página, que toca el violín; quedo asombrado por todo lo que sabe. Probablemente me compre ese libro. Nos despedimos más tarde y me entristezco sutilmente porque sé que no he despertado su interés.
Aún pienso en E. ¿Qué se habrá hecho de ese chico al que solo he visto una vez y que me dejó sorprendido por su sencillez y ese cierto misterio que lo rodeaba? No me ha vuelto a hablar. Quizá volvamos a conversar algún día, pero ya no estaré dispuesto a sentir nada intensamente por él, puesto que me ha demostrado que es el tipo de personas que desaparecen con la misma facilidad y absurdidad con que un día aparecieron.
En casa, escribo estas líneas. Son las doce y cuarto. Mañana me despertaré a las ocho y no podré escribir; tendré que salir para Barcelona con tal de estar en Cercle d’Escriptura i Crítica a las diez. ¿Cuándo retomaré la novela? Ni yo mismo lo sé. Me siento algo fracasado al respecto.

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