(Diario de adolescencia) 13 de junio de 2015



Solo busco las amistades que me hagan crecer como persona y como escritor. Sobre todo lo segundo, que, a la larga, será lo que más tiempo me tome en esta vida.
Prescindo, en parte, de todos esos que, pese a entretenerme con lo que me dicen, no me aportan nada más que unos minutos de diversión. No hay ocasión de profundizar en la relación; me pregunto si será posible que estos profundicen con alguien o si, simplemente, se relacionan para pasar el tiempo haciendo algo.
He acabado casi con todo lo que tenía de ocio. No he sacrificado nada, pues tampoco había ninguna distracción que me gustase mucho. Es solo que me he dado cuenta de que, si se quiere hacer buena literatura, o se es un genio o se le dedica la vida entera.
Cuando escribo, los segundos se echan a correr. Empiezo a las seis menos cuarto de la mañana y, no habiendo escrito ni media página, ya son las seis y media. Es indignante; jamás había visto nada igual. Estoy acostumbrado a un tiempo que siempre avanza al mismo ritmo y que puedo controlar si me empeño en ello. El tiempo me parece relativo salvo cuando empiezo a teclear en mi portátil.
Ahora empieza mi verano. Magnífico. Tiempo para escribir, para leer. También tengo que centrarme en esto último; mientras que, cuando escribo, los lectores me verán como un gran bobo, en la lectura soy yo quien piensa acerca del libro, quien es pasivo. Ah, la lectura, que he tenido que olvidar estas semanas de exámenes. Ahora vuelvo a ella.
Sacaré tiempo, por otra parte, para comer mucho. ¡Cuánto agradezco estos meses libres!

Esta tarde se inaugura en Mataró el nuevo local de la librería Dòria. Desde dos mil doce y hasta hace unos días habían ocupado una estrecha sala del Carrer d'en Pujol donde daban vida a los acontecimientos culturales más interesantes y secretos de la ciudad. Aun así, no era uno de sus habituales; se salía de mi recorrido diario.

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