(Diario de adolescencia) 13 de julio de 2017



A las once de la noche, estoy en el tren, recorriendo la costa del Maresme. Cuando se detiene en la estación de Premià de Mar, veo, en la orilla que hay más allá de las vallas, una pareja que se sume en la oscuridad. Él le pasa un brazo por los hombros. Cuando el tren prosigue su camino hacia Barcelona, los pierdo de vista. Esta noche salgo de fiesta a Sala Apolo con Abril. Esta mañana he ido a matricularme en Filosofía. ¿Debería plantearme volver a centrarme? ¿Es posible estar centrado? El vacío que antes notaba sigue siendo tan cruel como el que noto ahora. Escribo mucho menos que hace unos meses, pero dudo de que nadie haya notado la diferencia.

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