(Diario de adolescencia) 11 de junio de 2017



Ayer, acabé de leer un libro de Karl Ove Knausgård. Me parece que, en lugar de encarnar una nueva masculinidad, se ha resignado a encarnarla: se avergüenza del lado femenino que la sociedad actual le ha acercado. Tendremos que buscar a quien admirar en ese sentido por otros sitios.
Son las siete de la tarde y me dirijo hacia Barcelona. El conductor del autobús no me ha saludado cuando he entrado y conduce un poco atropelladamente. ¿Qué le pasa a ese hombre? Tengo miedo de que, con solo mirarme, haya descubierto todo lo malo que hay en mí.
Esta noche, iré a la Churros con Chocolate, en Apolo, con Abril. Es la primera vez que la llevo a esa fiesta. Salir, salir, salir. Qué primer año de carrera. Me estaba planteando empezar Filosofía como segunda carrera el curso que viene, pero, después de haber pasado mi adolescencia encerrado y concentrado en el estudio, sentiría remordimientos si los exámenes y trabajos volviesen a ocupar gran parte de mi tiempo. Además de salir, me dedico a leer; quizá no lea tanto como cuando estaba en el colegio, pero lo hago más atentamente.
Unos asientos más adelante, un chico con gafas de montura dorada. Todo lo que tiene color de joya sigue fascinándome, como cuando era un niño y cogía los anillos y pendientes de mamá.
En Sureña, Abril pide un café solo; combina con su vestido negro. Pido dos vinos tintos. Luego, cuando ya nos encontramos en el Paral·lel, vamos a un tal Marcopolo’s y pido una cerveza mientras ella pide un vino blanco. Le cobran un pastón. Entramos en Apolo y vamos dando vueltas por las dos salas, como si tuviésemos claro lo que buscamos. Sabía que Abril se sentiría fuera de lugar en esta fiesta, pero me imaginaba menos que yo también me sentiría separado de todo lo que me rodea. Las luces apabullantes, las espaldas sudorosas... No hay nada que me permita una comunión con este lugar y esta música. Nos topamos con Francesc y un amigo suyo, Adrià. Un argentino me dice que hay un hombre detrás de él que le ha perseguido durante toda la noche; le digo que deberá buscarse a un chico con el que disimular. Junto a Abril, cuando nos acercamos a las cinco de la mañana, empiezan a cantar en plena calle. He bebido dos cervezas más y he fumado diez cigarrillos; mal. Todo lo hacemos por cohesión social y, en definitiva, dentro de dos cientos años, no habrá cohesión social que nos valga para arreglar los desperfectos de la vida que ya habrá sido completamente consumida. En fin. No me conviene escribir este diario en el tren, a las seis de la mañana, pero lo hago.

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