(Diario de adolescencia) 11 de junio de 2015



Bajo al centro de Mataró. Mis padres me han encargado que lleve unos paquetes a Correos, y, como que están en la mercería, antes tengo que pasarme por allí. Doy un paseo para ir a cualquier lado; no camino si no es a paso lento y disfrutando de las casas con las que me cruzo. Al pasar por el callejón que va de la Plaça del Ninot a la Plaça Gran oigo a la propietaria de unos ultramarinos diciendo: «Se ha puesto de moda ir tarde a los sitios. ¡Estoy harta! Hasta quieren cambiar los horarios y que toda actividad empiece más tarde. Pues no será así. Si quieren despertarse tarde, que asuman las consecuencias». Se lo decía a una clienta que, sin comerlo ni beberlo, se había tenido que enfrascar en esa conversación.

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