(Diario de adolescencia) 10 de febrero de 2017



Anoche, el concierto de The Pretty Reckless me dejó asombrado e inexpresivo. Me he encerrado en mi cuarto. Siento que nada de lo que hago tiene sentido; me muevo como un robot: ordeno, desordeno, ordeno, desordeno…
Sigo escribiendo un artículo sobre Proust. Tengo que enviarlo a Tales Literary antes del miércoles: me quedan cinco días. Este artículo es el único consuelo que he tenido estos últimos días en que me he estado sintiendo muy frívolo, muy desagradecido, muy malo.
E no me ha hablado en todo el día. Tampoco lo hizo ayer. ¿Qué le pasa a ese chico? ¿Por qué se me aparece en la cabeza tantas veces? No comprendo nada. Disfruto estando solo, pero me entristece no hablar con él.
Cada día me repito lo mismo: la única verdad absoluta es que no hay verdades absolutas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario