(Diario de adolescencia) 10 de diciembre de 2016



Debería haberme levantado a las cinco (¿debería?) para escribir la novela, pero me he levantado a las ocho y ya no vale la pena ponerse a ello. A las once y media, iré a que Gabriela Zea Nadal me fotografíe en la Estació de Sants. Ahora (9 a. m.) me toca ir al banco: ingresaré un dinero que no he ganado, sino que me han regalado. ¿Cuánto me falta para ingresar un solo euro que haya ganado? Es triste tener dieciocho años y no haber trabajado remuneradamente nunca.
Ya no puedo ser ambicioso como antes lo era. Ya no es sostenible. Hay dos ambiciones: una ambición positiva (es una ambición a corto plazo, que nos hace querer obrar con destreza, atención y estilo propio a cada momento, a cada pequeño momento de nuestra vida diaria) y una ambición negativa (es, claro está, la ambición que mueve a quien solo tiene amigos por cómo pueden estos beneficiar su futuro, solo sabe poner los ojos sobre un futuro brillante y abomina del presente, insatisfecho).
Cada vez pienso más en fumar. Cuando estoy con I, él me da tabaco de liar. Aún no me he comprado ni una sola cajetilla. «A partir del momento en que te compras una, te enganchas», me dijo Noèlia.
Pienso en la mañana del día de hoy: Gabriela Zea Nadal es una fotógrafa sorprendente, atenta a sus retratados y gran conversadora. He adorado algunas de las fotos que me ha tomado.
El resto del día no ha servido para nada. He leído a Beauvoir por la tarde. Escribe que Sartre opinaba: «Naturalmente, nunca se llega a todo, pero hay que quererlo todo.» Quizá no andaba equivocado, aunque la misma Beauvoir discrepa de él. En otro momento, dice que: «Sartre había vivido siempre proyectado hacia el futuro: no podía vivir de otra manera. Reducido al presente, se consideraba muerto.» ¿Eso es realmente beneficioso para el hombre? Hablando con Zea Nadal, me aconsejaba que no pensase demasiado en el futuro, porque eso me quitaba tiempo para pensar en el presente. Puede que sea eso.
Casi son las nueve de la noche. He descubierto, en Internet, otra película de Hong Sang-soo que puedo descargar pirata: Ha Ha Ha. Me la pondré hoy mismo. Quizá le diga a mi madre que la vea conmigo; me da una pereza enorme hacer cualquier cosa con ella ―hablarle o, simplemente, estar en su compañía.

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