(Diario de adolescencia) 15 de septiembre de 2013



Voy a añadir un animal nuevo al bestiario de mis novelas y relatos. Este va a ser el pez efervescente que he inventado después de que se me apareciera en sueños. Entre las peculiaridades del ser se encuentran las de ser aéreo en lugar de marino y que, al entrar en contacto con el agua, se deshace, como si un humano metiese el dedo en un tarro lleno de peligroso ácido.
En mi sueño, una bandada de peces efervescentes volaba por las plazas de una ciudad holandesa con canales y góndolas. Yo los veía desde un ojo de buey del barco en el que estaba alojado. En mi camarote no había nada salvo una bañera en la que mi abuelo Pere, desnudo, se estaba dando un baño de burbujas y me animaba a acompañarle.

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