(Diario de adolescencia) Primero de febrero de 2014



Hoy lo he recordado: la primera vez que me preguntaron cuál era mi número favorito, me puse nervioso. «¿Número favorito? ¿Qué clase de tontería es lo que me están diciendo?», pensé. Acostumbrado a preguntas rebuscadas, difíciles y de respuesta casi siempre mejorable, no podía creerme que la respuesta pudiese ser tan solo un número; sin justificación necesaria ni teorías sobre ello detrás. Dije que mi número favorito era el cinco. Aunque era la primera vez que lo pensaba, respondí con firmeza.
Si me preguntaran, después, el porqué de que el número cinco fuera mi favorito, podría decir que porque mi cumpleaños era el cinco de mayo, cinco del cinco. Una justificación insulsa, sí, pero no habría habido más que decir entonces. Aún no habría descubierto lo que era la imaginación, ni todo lo que podría explotar de mi cabeza.

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