(Diario de adolescencia) 9 de enero de 2015



Salgo de la academia de inglés y me dirijo al bus. Antes de subir a este, me encuentro con María. Me alegro de que esté ilusionada por ver la película para la que tenemos entradas. Subimos al automóvil y, en poco tiempo, nos encontramos en Barcelona.
Entramos en la sala de proyección. Muchísima gente, doscientas personas. En la puerta, he visto la silueta de Pedro Costa, el director de la película, Cavalo Dinheiro, escondiéndose en la sala de sonido. Toco un hombro a María y le señalo con el dedo.
La proyección empieza. El sonido empieza a fallar en unos minutos. Silbidos del público. La película se queda en negro y una señora sale pidiendo disculpas. Veo al productor de cine Lluís Miñarro entre la audiencia, y, en un arrebato, me dirijo hacia él. Lo saludo y felicito por la dirección de Stella cadente.
Al final no hemos podido ver la película. Cuando la han vuelto a poner desde el principio, María y yo ya íbamos con el tiempo demasiado justo. Hemos cenado unos bocadillos, rápido, en la calle Tallers y hemos vuelto a Mataró.
En el bus me he dado cuenta de lo apesadumbrado que me he sentido al no poder ver la obra. Es una mierda que cosas de este estilo me duelan más que los problemas de mi vida sentimental. Cada vez soy menos humanos; meto toda mi sensibilidad en el pozo del arte. La entierro.

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