(Diario de adolescencia) 4 de enero de 2014



¡Cuánto daría por saberlo todo sobre el cine! Algo de lo que estoy convencido es que, si no hubiera tirado hacia la literatura, me habría apasionado por este otro mundo. Es más: cuando tenía ocho años, antes de que descubriese la literatura, quise ser director de cine por un tiempo; aunque no tenía ningún conocimiento sobre el tema, la idea de dirigir una escena, hacerla a mi manera y crear a partir de esta mi mundo me atraía mucho. Parece como si siempre hubiese estado buscando el medio a través del que expresar mi mundo, como si ya hubiera venido preconcebido y mi único esfuerzo hubiese sido escoger el modo en el que llevarlo a la realidad.
Esta mañana he vuelto a tener la oportunidad de manejar cámaras fotográficas y ponerlas a grabar, después de haberlas enfocado (lo destaco porque ese ruidito que hace la cámara al enfocar me encanta y quiero que tú visualices este detalle).
Con unas compañeras de clase hemos cogido el guion de un cortometraje que, sinceramente, me parecía bastante mediocre y hemos hecho un vídeo de poco más de dos minutos en el que yo aparecía con gafas de plástico y una de mis compañeras con una peluca corta. Lo más importante del vídeo, en cuestión, debían ser los tipos de plano. Sin embargo, una vez más, he llevado lo que en un principio era un trabajo de colegio a mi terreno y lo he adaptado a mi estilo.
Lo que más agradezco a mis amigas es que tengan tanta paciencia conmigo. En muchas ocasiones, me paso de tirano y convierto lo que podría ser un trabajo divertido en algo rígido y demasiado serio. Era un proyecto que podíamos grabar en más o menos media hora y, en lugar de ir haciendo descansos para contarnos nuestras historias o reír un rato, me he ceñido tanto a lo planificado que hemos acabado haciéndolo en veinte minutos. No me puedo quejar del resultado; estoy muy satisfecho. Luego hemos dedicado el resto de la mañana a ver vídeos de travestis y pasear por un parque que hay cerca de casa de mis padres.
(Es en este punto que me doy cuenta de lo banal del texto que he escrito. Me fastidia no poder ir más allá, ser demasiado joven como para escaparme durante unos días a la Provenza y tomar mi cuaderno allí, describiendo los paisajes y las sensaciones que me transmiten. ¡Ya estoy fantaseando otra vez! ¡Ah, qué aburrido se me hace estar encerrado aquí!)

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