(Diario de adolescencia) 30 de agosto de 2013



Un día más sin la inspiración correteando por los pasillos de esta casa, que tan grande me viene durante las tardes de soledad en que, al preguntármelo, me doy cuenta de que hay pocas personas dispuestas a sacrificar sus vidas por mí, tanto como humano como escritor; muchas facetas, demasiadas facetas para alguien que todavía no ha encontrado regazo sobre el que descansar salvo el de su madre.

Que el rostro de mi gato sea el que me vuelva más feliz demuestra la poca cantidad de caras que veo a diario. No porque no estén cerca de mí, sino porque, inconscientemente, las ignoro. Cuando camino por la calle voy tan distraído y ensimismado con mis cosas que más de una vez me han tachado de maleducado por no saludar a tal adulto cuando me lo crucé en un paso de cebra.

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