(Diario de adolescencia) 30 de abril de 2015



¿Qué convierte un lugar que ha sido descrito por un escritor en una zona sin ningún interés? ¿Nos falla alguna cosa cuando tratamos de vivir la misma experiencia mística que ese escritor?
Coincidimos en los espacios. Las coordenadas que nos guían son las mismas que los habrían conducido a ellos. Sin embargo, cuando llegamos, nada es como uno se lo habría imaginado.
No cabe duda: lo que nos falta es el esfuerzo de la interpretación. Más de tres cuartos de los lugares reales de los que se habla en obras literarias son sosos. Si decidimos acudir a ellos, en busca de respuestas, luego nos hemos de empeñar en ponernos bajo la piel del autor.

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