(Diario de adolescencia) 3 de enero de 2014



He estado pensando en abandonar las redes sociales por un tiempo. Creo que los comentarios destructivos han empezado a tocar mi autoestima y me conozco demasiado bien como para no saber que este tema podría desembocar en una de mis depres si no tomo medidas de inmediato.
Internet aumenta la crueldad de las personas… ¿o no? Tal vez deberíamos dejar de echarle las culas a las máquinas que nosotros mismos inventamos y darnos cuenta de que, cuando nuestra identidad e integridad no corren peligro, nos atrevemos a ser groseros. No debería escribir esto en primera persona; no comprendo esa necesidad de dañar. Cuando alguien no me gusta, lo ignoro, no lo ataco, porque sé cuánto puede llegarse a sufrir cuando se es tan débil como el hombre ―lo acepte o no― es.

Casi nadie iba en el bus de Barcelona a Mataró este mediodía. He ido a pasar la mañana a la ciudad con una amiga del colegio; ella se ha quedado allí para hacer unas compras navideñas. Me encantan los días de vacaciones en que puedo ir hasta la capital y descansar. Es el ambiente en el que me siento más cómodo… oh, y también la montaña lo es, claro.
Mientras el coche avanzaba, iba pensando en los últimos movimientos que he dado en Internet. No han sido muchos, pero los pocos que he hecho entre julio y este momento han sido de bastante peso. Teniendo en cuenta que he escrito un relato de veinte páginas (me he propuesto escribirlos todos de más de una decena de páginas a partir de ahora) y he grabado algunos vídeos para YouTube, además de meterme en algún que otro proyecto y compaginar estos temas con los estudios, me siento bastante satisfecho, pero, como de costumbre, no es suficiente. He tomado varias decisiones. La primera es que voy a borrar los dos vídeos de preguntas y respuestas que he publicado y volveré a implicarme en ese mundo una vez llegue el verano, de manera que pueda dedicarle más tiempo y a la vez no dejar de escribir ni por un solo día. También he decidido empezar a escribir, de una vez por todas, en el blog que creé hace unos meses y en el que planeaba escribir mis confidencias menos privadas. En tercer y último lugar, me he convencido a mí mismo para que cuelgue más cosas en la red y con más frecuencia. Como parte de mi propósito para este dos mil catorce, me he retado a publicar más de cien documentos (sean del tipo que sean, siempre literarios, eso sí) en mi blog durante doce meses.
Lo único de lo que estoy seguro es que, si ahora quisiera darme un descanso y desaparecer de las redes sociales por un par de semanas o meses, sería olvidado con mayor rapidez que con la que se desmorona un castillo de naipes. Tengo grandes planes para este año, además de estos, pero estoy resuelto a no revelarlos por ahora. También he estado pensando de cara al próximo año: debo explotar, no sé cómo ni cuándo, pero debo hacerlo antes de los dieciocho.

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