(Diario de adolescencia) 29 de mayo de 2015



El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones a la alcaldía en Mataró. Fueron las últimas que vivía sin poder votar. Se habla de unas elecciones autonómicas en septiembre, pero es dudoso que se lleguen a llevar a cabo.
En cualquier caso, si hubiera tenido la oportunidad, mi voto habría ido a un partido de izquierdas. Seguramente el PSC.
Me siento obligado a buscar el partido que mejor defienda los intereses de las minorías. Dejando de lado que sean o no minorías en las que esté implicado, cuando se vive un momento crítico, lo primero que se descarta son los derechos de estas. Un partido de derechas jamás representará lo que queda fuera de las élites o de las masas sobornadas con discursos demagógicos. De algún modo, dar mi apoyo a la izquierda es parte de mi compromiso como ciudadano.
De pequeño, los adultos me dictaron que la manera de hacer el bien más asequible que tenemos la gente de a pie es la defensa de lo que vemos como justo y la denuncia de lo incorrecto. El bien y el mal no me parecen conceptos tan objetivos, por lo que siempre he tenido problemas a la hora de distinguir entre lo que los demás consideraban bueno y lo que lo consideraba yo. Tenía que probar de ver la realidad a través de otros puntos de vista para estar seguro del mío, y era aquí donde entraban mis inseguridades. Nunca he creído en los «argumentos infalibles», por lo que los acuerdos a los que se llegue en debates no van a ser más firmes de lo que lo serían otros de menos justificados pero más sólidos en apariencia. Una realidad universal, por ejemplo, siempre se impondrá en veracidad ante un asunto político. Pero, pensándolo mejor, también vemos que, mientras que al hablar de política o sociedad estamos tratando temas fundamentalmente humanos, y, por lo tanto, que nosotros mismos nos encargamos de establecer, no podemos estar convencidos de ver el mundo como realmente es.
Mi lucha contra las injusticias se basa en el romper con algunas convenciones y admirar a los radicales que hacen lo mismo. Removiendo la tierra que antes se ha cultivado es como quiero llegar a las profundidades de la natura, las profundidades del hombre.
Para conseguirlo solo veo posible un voto por la izquierda. Es la manera de retar las leyes sin llegar a convertir el mundo en un caos; frente la inmovilidad y la estrechez de miras de los partidos de derechas o hasta de centro-izquierda, lo prefiero.

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