(Diario de adolescencia) 27 de mayo de 2015



Iba a tomar una foto hermosísima. Mi vecino de enfrente ―unos setenta años, solo pareja de mi vecina desde hace unos cinco― se ha tumbado en las escalera que hay en su porche, con la camisa azul desabrochada. Todo su pecho, café, al aire. Leía unos papeles mientras descansaba.
Cuando me he dado cuenta, ya se había ido. Una lástima. Quizás hasta habría sacado un relato de ese hombre misterioso y gordo que toma el sol a las cinco de la tarde.
Y es que, a la postre, lo que escribo trata de eso. Saco de algo estético o puramente visual (fotos, pinturas, algún verso o frase cualquiera) el «germen», el principio, de mi ficción.

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