(Diario de adolescencia) 26 de marzo de 2015



Por la tarde, fui a buscar a Correos los diez ejemplares de la novela que me correspondían como autor. Cargando con la caja de cartón por la calle, me sentía como si estuviera llevando un cofre con un corazón delicado en su interior, algo muy frágil que solo necesitaba la bocina de un coche para alterarse.
Además, habiendo acabado de llover, el suelo estaba enfangado y yo disfrutaba sabiendo que, cuando entrase en casa, la lluvia retomaría su movimiento y gozaría de su ruido hojeando esas páginas que, un día, en algún sitio, había escrito.

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