(Diario de adolescencia) 24 de enero de 2015



Podría ser una mañana más fría, pero estoy tan cómodo estudiando que ni me daría cuenta. Ayer por la noche, M. vino a casa. Durante la semana había estado en Madrid, por trabajo, y me comentó que el clima de allí no es que fuese peor; al ser seco, el frío no se le pegaba al cuerpo y eso era de agradecer. Me imagino. Desde que lo dijo, noto el aire más húmedo, la piel más pegajosa. Es la misma sensación que tuve en el verano de hace tres años, al regresar de Moscú; cuando salí del aeropuerto de Barcelona, una bocanada de aire cálido y mediterráneo se me clavó en cada poro de la piel y tuve que contenerme las ganas de vomitar.
Hoy hace una semana de que, por fin, conseguí ver Cavalo Dinheiro. Los buenos del CCCB organizaron una segunda sesión para compensar lo desastrosa que había sido la primera. Realmente, me pareció maravillosa. Pedro Costa traduce en escenas inconexas las emociones que Ventura, en distintos momentos de su vida, debió sentir; esta tiene que ser la única forma de que el público comprenda esas emociones tan complejas sin necesitar lecturas biográficas sobre el protagonista como soporte.

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