(Diario de adolescencia) 24 de abril de 2013



He vuelto a plantearme la posibilidad de volver mi vida perfecta. Ya no puedo contar con los dedos de mis manos las veces que he intentado convertirme en alguien impecable, implacable, de cuyo estilo de vida pueda enorgullecerme; una persona que siempre consiguiera excelentes en sus exámenes y, a la vez, aplausos por sus trabajos personales. Llevo demasiados intentos, son demasiadas ocasiones en las que podría disfrazarme de hombre maravilloso. Tras tantos esfuerzos en vano, doy por hecho que soy alguien que siempre va a estar manchado por la desaprobación de un notable o una peca irregular en la frente.

Por más que grites, nadie relevante va a escucharte.

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