(Diario de adolescencia) 22 de agosto de 2014. Once de la noche



Hoy ha sido un día bastante improductivo. Pese haber escrito un relato de tres páginas para ese blog cultural llevado por chicos de mi edad en el que participo, no me siento satisfecho.
Últimamente solo me siento satisfecho cuando adelanto con la novela, escribiendo y corrigiendo. El resto de proyectos tienen menos importancia, puedo prescindir de ellos o dejarlos a medias. En cambio, hay una especie de lazo… no, lazo no, mejor dicho… cadena que me une con Feo y descalzo. He puesto en esa ficción unas pinceladas de autobiografía. Soy tan cobarde que si alguien me preguntase hasta qué punto es una autobiografía, no me atrevería a concretar. Estoy intentando escribir algo espontáneo y original, raro siempre. Ojalá algún día pueda pasar de cualquier guion o borrador y dedicarme a improvisar.
Busco nuevas formas, obsesiones, maneras de experimentar. Del derecho y del izquierdo, en lo correcto o en lo invertido; curioseo con lo que leo, y, luego, escribo. Descubro, luego creo; leo, luego escribo; pienso, luego provoco.

Releo las páginas de este diario que escribí el año pasado y pienso que quizá tendría que advertir algo en la primera página, como: ¡este diario contiene altos niveles de idiotez!

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