(Diario de adolescencia) 21 de mayo de 2015



Esta tarde, a las siete y media, ha sido la presentación de Feo y descalzo en una librería de Mataró. Ha ido a cargo de Pere Vàzquez, que ha introducido mi obra con un breve discurso y me ha cedido la palabra.
Han venido diez personas, de las cuales no había ninguna desconocida. En cierto modo, lo veo como un fracaso, o, más ampliamente, como una muestra del fracaso de Feo y descalzo. Desde el lunes, había estado dudando entre hacer la presentación o improvisar una excusa y suspenderla. Al final, ha podido más el compromiso y mi empeño en mantenerlo. Pero yo ya sabía que pasaría algo así: que la librería se convertiría en un desierto. Me había negado a escribirlo hasta ahora porque sé que muchas de las cosas que uno piensa no empiezan a existir hasta que se plasman en una hoja en blanco.
En cualquier caso, esta indiferencia con que se ha respondido a Feo y descalzo desde su publicación no me ha hecho ni padecer ni siquiera preocuparme. Me lo tomo como si el silencio intentara derribar mi resistencia, y yo sigo aquí y así, de pie.

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