(Diario de adolescencia) 21 de febrero de 2014



Esta noche he ido a ver a Montserrat Carulla al teatro. La iaia! es su última aparición en el teatro, según ella misma ha dicho. La obra en sí era bastante ligera, y tenía sus plazos de tiempo aburridos, pero su actuación, teniendo en cuenta su edad, fue brillante.
En el coloquio de después de la representación, ha respondido a la chica que la entrevistaba con naturalidad y sabiduría. Mientras escuchaba sus palabras, iba mirando fijamente los ojos de su nieto, quien también participaba en la obra, al igual que su hijo (padre del que me tenía cautivado).
Siempre que veo en la realidad ídolos que tenía mitificados en mi cabeza, me parecen más pequeños físicamente de lo que había imaginado. Es como si, inconscientemente, asociara la estatura con la grandeza artística. Igualmente, nada decepcionante. Ella es un ave fénix del teatro, el cine y la televisión, y yo… Y yo soy un desconocido. ¿Qué más da? Me ha sostenido la mirada en el coloquio durante tres segundos. Eso es todo lo que necesito.

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