(Diario de adolescencia) 21 de diciembre de 2013



Mientras escribo esta entrada, mi gata está en el jardín, mirándome fijamente por el cristal de la puerta. Quiere entrar, fuera hace frío y, sin embargo, no le voy a abrir. Se ha vuelto caprichosa e irritante desde hace un tiempo, pero no por ello voy a olvidarla. Esta gata llamada Mixa me ha acompañado desde antes que naciera, desde el útero materno.
Volviendo a cambiar de asunto, mi amistad con Francesc se va fortaleciendo por minutos. Me parece un chico de lo más culto y carismático, además de bastante guapo. No puedo dejar de envidiarle cada vez que veo que sube a Instagram o alguna otra red social fotografías que toma de conciertos de jazz, interiores de museos o cosas por el estilo. ¡Quién viviera en plena Ciudad Condal!
Algún día le invitaré a tomar algo, pero por ahora tengo demasiados proyectos que mover. Las vacaciones empezaron ayer mismo y ya me siento inútil: Deberé ponerle remedio de inmediato.

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