(Diario de adolescencia) 20 de febrero de 2014



No me he rebelado nunca porque nunca me he sentido oprimido. No entiendo a esos adolescentes que, teniéndolo todo, aún sienten la necesidad de quejarse y gruñir. Gruñen, gruñen mucho y acaban por parecer cerdos. En mi clase hay unos cuantos de esos. Evidentemente, es solo una fase más de sus juventudes, pero, a mí, incluso de lejos, me cuesta soportarla.
Este es uno de motivos por los que nunca desearía ser profesor de secundaria o primaria. A la gente se la tiene que conocer de adulta, y, a veces, ni entonces.

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