(Diario de adolescencia) 2 de abril de 2015



Esta mañana, como he ido haciendo desde el principio de Semana Santa, me he despertado a las cinco. Lo primero que he visto en mi móvil —que me sirve de despertador— es que tenía un nuevo email de un correo electrónico que no conocía.
Era Neil Harbisson, a quien mi amigo Pere Vázquez había hablado de mi novela y deseaba comprársela. Quedamos en un café de la plaza Santa Ana esta tarde. Le he firmado el libro y hemos conversado durante algo más de media hora, aunque ya al vernos le había informado de que no podría estar con él más de diez minutos.
Ahora, al acordarme de la conversación que hemos tenido, sonrío. Y creo que seguiré sonriendo cada vez que recuerde la amabilidad e interés que me ha ofrecido. Sí, Neil Harbisson es un tío al que se le recuerda sonriendo.

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