(Diario de adolescencia) 19 de abril de 2013



La última vez que he visto a mi pájaro ha sido hace dos horas; él estaba encogido en el suelo de su jaula, tiritando por un frío que no soplaba y con los ojos entrecerrados. Tengo la certeza de que mañana voy a tener que cavar un hoyo en el jardín y enterrar una criatura que me ha acompañado la mayor parte de mi niñez.
Tengo miedo de no poder soportar en un futuro la muerte de mi gata. Tras ella ya solo habrá personas por fallecer. Me estremezco con solo pensarlo.

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