(Diario de adolescencia) 16 de febrero de 2015



Oír en boca de Pere Portabella que se debía ser interdisciplinar me animó a serlo. Me lo tomé como una motivación para «seguir» interesándome tanto por la literatura como por las otras artes.
No hace más de un año que empecé a ver cine independiente, de autor, experimental… En Semana Santa, coincidiendo con el aniversario del día que fui a ver La vie d’Adèle en el Foment Mataroní, día antes de mi primera visita al MACBA, podré celebrar el cumpleaños de ese acontecimiento.
De hecho, a finales de 2014, mientras todo el mundo se echó a hacer listas sobre qué había sido lo mejor del año, yo me sentía algo desubicado. Será en abril cuando pueda hacer balance de lo que ha ocurrido durante el último año ―un año de cine incesante y, por más que me duela aceptarlo, del olvido de la literatura. No ha sido un olvido total, faltaría más; solo me he distanciado un poco de los nombres propios de la literatura actual con los que mantenía el contacto y me he acercado a una lista infinita de cineastas y críticos que he ido agregando en Facebook.

No hay comentarios:

Publicar un comentario