(Diario de adolescencia) 16 de abril de 2015





Último día completo aquí. Mañana visitaré el Louvre, y, por la noche, después de un trayecto en tren de cinco horas, estaré durmiendo de nuevo en Mataró.
Hoy he tenido la oportunidad de conocer Montmartre. También hemos visitado Notre Dame y he debatido un poco con Paula y María ―dos de mis compañeras de colegio― sobre la religión. Luego, una ojeada rápida al Centro Pompidou, donde he encontrado una retrospectiva de Jeff Koons. Ha sido mi visita a un museo más parecida al fast food: solo contábamos con veinte minutos para llegar a tiempo al tren de vuelta a Lagny-sur-Marne.
Han sido días de poca disciplina, poca reflexión. Al estar con un grupo de gente de mi edad, lo más típico de la adolescencia ha venido a mí y me he visto poniéndole nota a los chicos que pasaban por la calle junto con Carla, otra amiga.
Paula L., Paula L., Carla M., María M., Albert C., Pol G., Martí G. Esos hemos sido. Se cuentan ocho, aunque en realidad los de bachillerato éramos nueve. María Y., una chica siempre callada y abstraída, nos seguía de muy cerca. No me atrevería a hablar de mudez, ya que de vez en cuando interviene para dar alguna información práctica o exclamar monosílabos. Gruñe algunas veces y siento lástima por ella. La lástima todavía crece más cuando somos crueles con ella. Veremos qué pasa mañana. Esto ha sido demasiado poco. Quiero más París.

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