(Diario de adolescencia) 14 de julio de 2013



Soy una maldita fábrica ambulante de saliva. Todas las mañanas desde muchísimo tiempo atrás me despierto con las mejillas empapadas. Sin embargo, he acabado acostumbrándome, y es hasta cierto punto agradable despertarse bañado en baba. Creo que quien más sufre con esta situación es mi almohada, que absorbe todas las gotas de esta sustancia que aboco.

Esta tarde he estado visitando el Museo Picasso; en concreto, una exposición temporal de autorretratos del mencionado artista. Algunos me han impresionado y otros no. De todos los cubistas, únicamente me ha gustado uno; los encuentro muy mancos de simbolismo; en cambio, todas sus creaciones juveniles son maravillosas, y los estudios del rostro que han sido expuestos ayudaban al visitante a identificar el mito, el pintor glorificado con el torpe humano que rectifica y esboza antes de lanzarse a la aventura de la creación artística.
Luego he ido, acompañado también por Alba, a visitar el emblemático restaurante Els Quatre Gats, donde me han servido un capuchino y me he quedado ensimismado contemplando sus paredes, atestadas de cuadros de artistas que en algún momento de sus vidas habían cruzado el umbral de aquel bohemio lugar y habían acabado, como yo, encandilados por esa esencia de París en la Belle Époque.

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