(Diario de adolescencia) 14 de abril de 2015



Lo único que me fastidia de la familia de acogida es que den por supuesto que domino todo el vocabulario francés con el que debería expresarme. En la cena de anoche estuve tres minutos para responder a lo que me habían preguntado.
De igual manera, me veo empujado a comportarme con timidez, como si eso fuera una más de mis formas de agradecimiento y la manera para que no se sientan cohibidos por mi presencia.
Como que soy un extranjero que vive en su casa de balde, sin haber acogido a nadie antes ―como se suele hacer en los intercambios―, me imagino que existe un deber económico entre ellos y yo. Siempre que tengo la oportunidad les invito a un café, y no saben la rabia que me da cuando, tratando de ser educados, son ellos los que insisten en pagar.
El padre de la familia se marcha hoy a Argelia. Eso es lo que me intentaba decir en la cena del día anterior y yo no entendía en absoluto. Creía que me estaban preguntando alguna cosa sobre el norte de África y yo ponía la cara de confusión que tanto he entrenado estos días.

Ocho menos cuarto de la tarde. Versailles con sabor a mármol y pinturas a las que rodean la decepción, la misma que se representa en forma de turistas que con sus espaldas y embobamiento te impiden ir a tu ritmo. Móviles que hacen fotos sin saber exactamente qué están fotografiando.
Solo me queda por decir que Versailles no tiene la culpa ni yo soy un resentido. Un palacio de estas características no debería recibir tal cantidad de visitas cada día. Insano para quienes quieren disfrutar del lugar e incluso para los que solo van a incordiar.

Cálida, muy cálida. La presencia equilibrada entre hombres y mujeres en la cena de hoy ha sido la clave de su éxito: Henri, el chico que me acoge, y yo, por un lado, y su hermana, Sophie, y su madre, por el otro.
Me han dado de comer un plato típico de la cocina india, con muchas especies y un sabor dispuesto a acabar con todo rastro de otros gustos en mi boca. La degustación de quesos ha vuelto a caer, como el lunes, aunque en esta ocasión en un ambiente mucho más distendido. Los minutos han pasado más rápido. También lo han hecho así las horas. Espero que a partir de mañana esta decreciente tensión siga su curso, hasta que llegue el viernes, cuando correré para volver al lado de mi familia.

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