(Diario de adolescencia) 13 de julio de 2013



La exposición que el otro día visité, donde mi antigua profesora particular de arte había expuesto su reciente trabajo, «Les dones del cotó», me inspiró.
¡Menuda artista es Marga! Como bien dice mi padre, no es demasiado academicista, pero yo añado que fui muy afortunado al recibir sus clases. Su técnica no está ni pulida ni mantiene las proporciones en muchas ocasiones, pero la subjetividad que le es espolvoreada por encima es mágica, titánica, tan transgresora como la propia Marga.
Desearía volver a practicar con la técnica del café a modo de acuarela, como en su día hice en el estudio de la expositora. O tal vez solamente sea que me han entrado unas condenadas ganas de café con leche. Esta mañana, cuando he dado cuenta de mi taza, lo primero en lo que he pensado ha sido en sacar un pincel de mi estuche ruso y trazar en un papel con él.

Come como un francés, duerme como un español, trabaja como un chino y se asea como un rumano. Si usted cumple con este perfil puede avergonzarse de ser una lacra, pero una lacra lectora de Xavier Sirés, que tiene mérito.

I
Solo al escribir poemas como el presente
Dudo de mi capacidad como escritor, pintor de prosa y no prosa
No, la poesía no tiene por qué rimar, pero igualmente se agradece.

El bebedor de café extasiado
La bombilla pelada de los techos parpadeaba,
Confería a la cafetería un aire inhóspito,
                                                                    [caído,
Y en una de las pocas mesas destartaladas,
Culo sobre un taburete largo y caoba,
Este bebedor perdía su mirada hacia la barra,
Detrás de la que una copera insinuaba dos senos,
Mientras vertía el café de la tetera a la taza.

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