(Diario de adolescencia) 12 de abril de 2015



Hoy he llegado a la estación de tren de París a las tres de la tarde, aunque solo se puede decir que he rozado la ciudad. Ni siquiera hemos salido del mismo edificio para coger otro transporte que nos ha llevado de París a Lagny-sur-Marne, el pueblo en el que voy a vivir estos días, acogido por un amabilísimo chico de mi edad y su familia. En Lagny, el chico me ha recogido y hemos dado un largo paseo. Antes hemos tomado un café en un local de la zona.
Ha sido cuando ya estábamos en la puerta de su casa que me he dado cuenta de que había dejado mi reloj de muñeca en la cafetería, así que hemos tenido que volver y, afortunadamente, alguna mano honrada lo había dado al camarero para que lo guardara. No queda duda de que Lagny-sur-Marne es un pueblo de eso, de manos honradas. No sé si debe ser porque es francés o por su tamaño.

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